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  • Juan Trova

Preludio



Todas las historias tienen su prólogo, aunque en este caso deberíamos llamarle mejor preludio, al tratarse de un relato del devenir sonoro de un tiempo y un espacio.

Nuestro preludio comenzó el 5 de junio de 1991. Silvio Rodríguez cantaba en Fuente Vaqueros, localidad natal de Federico García Lorca, en un concierto multitudinario con la plaza del pueblo a rebosar de gente entregada por completo a la música y la poesía del mágico trovador cubano.

Allí nos plantamos Elizaberta y yo, que al mes siguiente celebrábamos nuestra boda y nos lo tomamos como el mejor de los regalos posibles. Recuerdo que, al llegar, apenas quedaba sitio, porque fuimos con el tiempo justo, ya que, todo hay que decirlo, salimos pitando de una celebración familiar importante que había ese día, sorteando algunas miradas no demasiado comprensivas. Sólo quedaba un espacio libre, que la organización había dotado como de franja de seguridad vallada entre el escenario y la primera fila de sillas que, por supuesto, estaba completa. El dilema estaba entre ver el concierto al final de la plaza, muy grande por cierto, sin apenas distinguir el escenario, o colarse en aquel recinto que me llamaba a gritos. La decisión fue fácil, y en un momento de descuido de quien estuviera al mando, y a riesgo de que me echaran, quité una de las vallas que impedían el paso, cogí a Elizaberta de la mano y le dije "vamos para adentro". Tras de nosotros, un aluvión de "troveros", que estaban en nuestra misma situación, vieron el cielo abierto y, siguiendo nuestros pasos, entraron en aquel local que ni mucho menos estaba pensado para el público y en el que no había sillas. Así que, tranquilamente, nos sentamos en el suelo, y la organización, viendo que iba a ser complicado levantar a todas las personas que nos habíamos alojado allí, tan solo nos pidieron que permaneciéramos sentados durante todo el concierto para no entorpecer la visión de quienes estaban en las sillas. Y así lo hicimos durante todo el acto sin que hubiera incidente alguno, disfrutando de un sitio de privilegio desde el que podía incluso ver los acordes que Silvio usaba

en cada una de las canciones.

Ni por un instante podíamos imaginar como iba a cambiar nuestra vida el hecho de acudir a aquel concierto, por lo que ocurrió en el descanso a mitad de la actuación. Silvio dijo algo así: "ahora os voy a dejar con un paisano vuestro; alguien que me hace sentir que la continuidad de la trova está asegurada en las nuevas generaciones de cantores".

Y allí apareció, guitarra en mano, un joven granadino que se llamaba José Luis Pareja.

Visiblemente emocionado, este cantautor, a quien no había escuchado nunca, se presentaba con una voz colmada de vibrato y un hacer en la guitarra que me sorprendió por la fluidez con la que desgranaba secuencias de nerviosos y vigorosos acordes. Cantaba canciones de diferente corte, en las cuales se evidenciaba la clara influencia del que sin duda era su maestro y referente y con quien tenía la suerte de compartir escenario ese día. Tras cantar varios temas (recuerdo algunos como "No puedo no culparte" o "Que no maten la esperanza") volvió a dejar paso a Silvio que continuó con su concierto.

Me había inquietado saber que en Granada se estaba moviendo algo en relación con la canción de autor y yo no quería estar ajeno. Comencé a hacerme preguntas ¿Quién es este chico? ¿Cómo habrá conseguido cantar con Silvio? ¿Cómo contactar con él? ¿Por qué lugares se moverá? ¿Qué conciertos dará?...

A partir de aquel día algo empezó a removerse en mi interior. Mi guitarra llevaba en barbecho, o más bien en periodo de sequía, un tiempo mayor del que a mí me gustaba, y aquel concierto fue como lluvia fina que cala y va preparando la tierra para la siembra. Volví a abrir la carpeta verde donde guardaba mis canciones y, después de bastante tiempo, sonaron de nuevo los versos de una nueva composición: "Que mejor que tú"

Esta canción que veis en la imagen, en la carpeta verde que aún conservo, fue el revulsivo para retomar mi pulso como cantautor, lo que me llevó a intentar encontrar a José Luis Pareja, ese joven trovador que había actuado con Silvio en Fuente Vaqueros. Me enteré que había una asociación de cantautores "Euterpe" con él al frente, y me presenté en la dirección que indicaban y que todavía recuerdo, calle Frailes nº 7. Mi decepción fue grande al ver que allí tan solo había un edificio de viviendas y ni rastro de asociación "cantautoril" alguna. Seguí buscado y al tiempo me llegó el anuncio de un concierto de José Luis junto con otro artista, Antonio Lucas, con quien hacia un espectáculo en el Aula Magna de la Facultad de Filosofía y Letras de Granada. Acudí puntual a la cita y de nuevo el desencanto cuando llegué y vi un cartel que anunciaba la suspensión del evento. Parecía que iba a ser difícil encontrarme con aquel misterioso y escurridizo cantautor que se me ocultaba una y otra vez. Y efectivamente no fue fácil, no. Tuvieron que transcurrir cinco años, desde ese concierto en 1991 hasta el año 1996 en que, por mediación de un buen amigo que conocía a José Luis, de lo que me enteré por pura casualidad, pude encontrarme con él. Este encuentro fue absolutamente providencial para todo lo que iba a venir después, pero su relato queda para nuestra siguiente cita...

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